JOSE BRECHNER
Previsiblemente, Brasil y Turquía, fueron los dos únicos miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que votaron contra las nuevas sanciones impuestas a Irán. El Consejo está compuesto por cinco miembros permanentes: China, Francia, Federación Rusa, Reino Unido y Estados Unidos. Y diez miembros temporarios que son elegidos por dos años cada uno. Hoy son: Austria, Japón, Turquía, Bosnia y Herzegovina, Líbano, Uganda, Brasil, México, Gabón y Nigeria.
Siendo una comisión heterogénea que comprende países de todos los continentes y de ideologías diversas, es significativo el apoyo del Brasil y Turquía a Irán que es considerado peligroso no sólo para Europa e Israel, sino para los árabes.
Todos conjeturan que Israel posee bombas nucleares, pero nadie puede confirmarlo con certeza. Considerando que algunos de los más prominentes científicos nucleares, fueron y son judíos, es de suponer que Israel es una potencia atómica.
Su condición, no obstante, nunca fue motivo de temor para sus vecinos árabes, porque saben que los israelís no son una amenaza para su existencia. Israel quiere paz, no guerra, y lo ha venido demostrando desde el día de su independencia, aceptando propuestas que nadie en el mundo consentiría.
Pero si Irán adquiere poderío nuclear el mundo árabe en pleno se encuentra en riesgo, porque sabe que los ayatolas podrían usarlo para conquistar sus tierras. Los iranís no tienen inconveniente en asesinar a cientos de millones de personas.
El peligro nuclear en el Medio Oriente, siempre provino de los árabes. De algún loco que quiso imponerse sobre los demás. En su momento fue Irak, Libia, Siria, que intentaron enriquecer Uranio, pero fueron oportunamente persuadidos de que no lo intentaran, por los cazas de Israel y Estados Unidos que les volaron sus plantas.
Otro motivo por el que el temor a una bomba atómica nunca fue considerado como una amenaza inminente, es que Israel ocupa un espacio tan diminuto, que un ataque nuclear a su territorio acabaría con toda forma de vida en el lugar, incluyendo los palestinos.
Este asunto ha sido tomado en cuenta por Ahmadinejad, quien dijo que “no importa si mueren los palestinos, son apenas 10 millones; los musulmanes somos 1.500 millones”.
Con semejante individuo gobernando una de las naciones más ricas y poderosas, es lógico que los saudís, egipcios, jordanos, y otros habitantes del vecindario estén alarmados.
Las diferencias religiosas entre sunís y chiís, que son desconocidas para la mayoría de los occidentales, son de relevancia para los musulmanes, que se han trenzado en guerras y batallas por ese motivo a través de los siglos. También existen diferencias étnicas, ya que los persas se suponen arios, no árabes.
Sin embargo a Turquía que es Suní, no le incomoda que Irán sea Chií porque la ve como su aliado en su renacida fiebre de dominio musulmán. Primero desean unirse y matar al oso, después verán cómo repartir la piel.
La presencia de Brasil en el medio de este par de desquiciados, coincide con los intereses de los marxistas leninistas del Partido de los Trabajadores, que son totalitaristas como cualquier comunista de pura cepa; y Brasil ha sido el único imperialista exitoso de Latinoamérica.
Turquía e Irán tratarían de obtener supremacía sobre Europa y Medio Oriente, y Brasil sobre Sudamérica, imponiendo un nuevo orden mundial.
La irracional idea está tomando cuerpo, porque están en el poder y se sienten invencibles, les pasó a muchos en el pasado. Deducen que el momento es propicio, porque Estados Unidos está en su instante más débil, con un presidente inepto y un gobierno de extrema izquierda indulgente, que considera que todos en el mundo son iguales, por más que en su nivel de evolución, los iguales vean el mundo con ojos del Medioevo.
¿Cuál va a ser la posición de estos tres anormales en relación a China y Rusia? Es probable que los inviten a ser parte de su juego para acabar con la hegemonía norteamericana. Cualquiera que sea la respuesta, se avizoran tiempos de sangre.
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