JOSE BRECHNER
“Me he preguntado a veces, cómo se habrían visto los Diez Mandamientos si Moisés los hubiese sometido al congreso de los Estados Unidos”
–Ronald Reagan
Después de transitar de fracaso en fracaso, Barack Obama logró una preciada victoria legislativa; la aprobación de su Reforma al Sistema de Salud, que todavía requiere de ratificación.
El controvertido legajo de más de 2.000 páginas fue votado en la víspera de Noche Buena, como si fuese un asunto de vida o muerte para la nación.
El apuro se debió a la teatral vanidad de Obama, que quiere la ley en vigencia antes de que se cumpla un año de su mandato. Eso le convertirá en el único presidente que logra introducir un cambio trascendental en la estructura política norteamericana en tan corto tiempo.
Sin embargo su éxito es dudoso. El senado aplicó “el rodillo”, conocido en los países tercermundistas, donde el oficialismo abusando de su mayoría, desdeña la opinión opositora y aprueba mociones a gusto del partido gobernante. Ningún senador republicano votó a favor.
En Estados Unidos esa no es la forma en que se hacen las cosas. Propuestas de tal envergadura buscan del acuerdo de ambas bancadas, limando aristas.
Según la encuestadora Rasmussen, 55 por ciento de la población está contra la reforma, 41 a favor. Esa diferencia negativa le traerá sinsabores a Obama que bajó al nivel más bajo de popularidad en Diciembre, comparado con cualquier otro presidente en el mismo periodo, con apenas 47 por ciento de aprobación según Gallup.
El tema no concluye ahí. La experiencia europea en lo que a salud pública se refiere, señala que donde se socializó la medicina, la medida se tornó irreversible. Todos gozan de servicio médico gratuito y mediocre, a costa de elevadísimos impuestos, y nadie que requiere de un tratamiento de excelencia viaja a Europa para hacerse curar.
¡Sonó la campana! Comienza el segundo round.
Convencido de que hizo un excelente trabajo, y jactándose de su labor, como escucharemos en los discursos de los próximos meses. Obama fatigado y desgastado, momentáneamente no querrá pinchar con nuevas innovaciones al pueblo que se muestra colérico, por tanto va a traspasar la atención pública hacia el logro de la paz entre Israel y los árabes.
Para no perder la perspectiva, recordemos que su primera llamada telefónica a un líder extranjero fue a Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina facción Fatah, de la que depende el grupo terrorista Brigadas de Mártires de Al Aqsa. Inmediatamente después, comenzó su amorío con el Rey Saudí y otros jefes árabes. El pro arabismo de Obama se sentirá con mucha fuerza, en desmedro del Estado Judío.
Israel tiene que atacar a Irán. Acá no hay opciones. Hasta el flamante Nobel de la Paz admitió que no existe alternativa, aunque se mantendrá cómodamente de espectador y hará que Jerusalem absorba todo el peso de la batalla.
El conflicto involucrará a Latinoamérica, porque los bolivarianos están con Ahmadineyad, y su amistad con el iraní trasladará en alguna medida la guerra a esta parte. Con excepción de los neocomunistas, Hamás, Hezbolah y algún otro descarriado, nadie apoya a Teherán. Ni siquiera los estados árabes. Lo que da una idea de la desconfianza que hay que tener de los ayatolas.
La guerra con Irán incrementará el antisemitismo. El embate racista seguirá siendo gestado por la prensa progre, pero en América Latina, adicionalmente, vendrá dirigido desde la cúpula bolivariana.
Puntaje del Primer Round: Los demócratas perderán muchos escaños en las elecciones congresales de Noviembre de 2010, posibilitando que los republicanos recuperen el Senado y tal vez ganen la Cámara Baja.
Round 2: Explotarán focos de violencia en diversos lugares del mundo, incluyendo Latinoamérica. Obama deberá confrontar la amenaza bolivariana-iraní si no quiere tener misiles apuntando a Texas y California, más centenares de terroristas infiltrándose en su país con pasaportes sudamericanos.
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