Pobres estúpidos pacifistas
JOSE BRECHNER
La historia de la guerra es la historia de la humanidad. De los aproximadamente 3500 años de historia escrita, solo alrededor de 300 transcurrieron sin guerra. El ser humano es un ser competitivo y belicoso por naturaleza. ¿Elemental y primitivo? Sin la menor duda. Es perverso y seguramente, más malo que bueno. Alguien dijo: “No sé lo que pasa en la mente de un criminal, sé lo que pasa en la mente de un hombre decente y es horrible”.
La historia, sigue siendo en el fondo, una selección natural de los individuos y grupos más aptos, en una lucha en que la bondad no es premiada, las desdichas abundan y la prueba final es la capacidad para sobrevivir. De los Diez Mandamientos, seis ordenan lo que el hombre no debe hacer. Si aceptamos que gran parte de la Biblia es una reflexión sobre el espíritu humano con sus virtudes y defectos, el hombre común resalta más por sus defectos que virtudes.
Las causas de la guerra son las mismas que la causa de la competencia entre individuos: afán adquisitivo, pugnacidad y orgullo; el deseo de alimentos, tierras, materias primas, combustibles, dominio. La diferencia está, en que el estado posee nuestros instintos sin nuestros frenos y eso lo vuelve capaz de cualquier cosa, porque no hay concepto moral ni ley que lo domine cuando se vuelve belicoso. Las Naciones Unidas al haberse convertido en un ente proclive a abogar por los gobiernos más cuestionables del globo y al haberse alejado de los valores y principios del mundo libre, ha perdido toda autoridad moral para ejercer sus funciones pacifistas. Los únicos países que comprenden la fragilidad del planeta y las trágicas consecuencias mundiales de una conflagración, son los del primer mundo, principalmente los Estados Unidos.
El planeta Tierra se ha achicado gracias a las comunicaciones hasta convertirse en una aldea. Se puede estar en cualquier lugar, en tiempo récord, pero con la misma facilidad que viaja un turista, puede viajar un terrorista. Todas las personas, en todas partes, se han vuelto vulnerables.
La historia de la guerra es también la historia del desarrollo científico. La mayoría de los grandes inventos de uso cotidiano, como el Jeep, el Jet y la Internet, son producto del avance tecnológico militar. En su necesidad de crear nuevas y mejores maneras de proteger a sus congéneres, en épocas de guerra, la capacidad creativa del genio humano llega a su cúspide.
Los pacifistas, llenos de buenas intenciones, viven una fantasía romántica en su loable pero infantil proceder anti-bélico, pues desconocen la naturaleza humana. No son muchas las personas que deseen ver morir a sus hijos en batalla, y son pocos los que buscan el enfrentamiento. La mayoría de la gente quiere vivir una vida pacífica y tranquila. Son solo los dirigentes megalómanos, angurrientos de poder y dinero, que buscan la guerra. Disfrutan de la pleitesía de sus seguidores y se sienten como dioses en la Tierra. Sin embargo, los pacifistas, en vez de protestar contra estos verdaderos causantes de las guerras, que en la era moderna siempre han sido dictadores, critican a los defensores de la libertad y la democracia. Estas mentes simples, están alejadas de la realidad. Si el Mahatma Gandhi tuvo éxito en su pacífica lucha contra el imperio inglés, fue más porque los opresores eran justamente ingleses. Los británicos fueron imperialistas y agregaron su dosis de crueldad y discriminación en sus colonias pero no fueron genocidas. Gandhi propuso equivocadamente la misma fórmula pacifista contra los nazis, lo que demuestra su ingenuidad política y desconocimiento del espíritu barbárico de los teutones.
Hasta ahora, jamás se vio en ningún lugar, una marcha pacifista contra el terrorismo. Todas las manifestaciones de los defensores de los Derechos Humanos y otras organizaciones que se dicen ser amantes de la paz, salen para despotricar contra gobiernos democráticos. Nunca se dio una demostración por la paz, en un país musulmán.
No sé si hubo alguna vez un grupo pacifista en Alemania que haya protestado contra Hitler. Los judíos son seguramente el grupo más pacífico en la historia humana. El pueblo judío vivió poniendo la otra mejilla durante 18 siglos, y fue abusado, perseguido y asesinado de a millones, hasta que tuvo que crear su ejército propio. Los pacifistas del mundo no hicieron mucho por protegerlo, al contrario, hoy critican su derecho a la autodefensa en vez de cuestionar a los terroristas y sus gobiernos autoritarios que quisieran ver desaparecer a la única democracia entre 56 tiranías musulmanas.
La guerra actual no es convencional. No es un ejército que pelea contra otro ejército ni un soldado contra otro soldado. El enemigo no es un luchador por la libertad, como gusta definirse, porque no hay quien lo esté oprimiendo más que sus multimillonarios jeques, sus propias torcidas creencias religiosas y sus imanes fundamentalistas. Es un criminal, sin la talla, el honor ni la dignidad de un soldado que defiende su patria de frente y con orgullo; es un asesino de gente inocente que no tiene la valentía de luchar contra un militar porque no está a su altura. Es solo un cobarde que se esconde cubriéndose el rostro o mimetizándose entre la gente para asesinar hombres, mujeres y niños indefensos.
Los pacifistas son los ilusos de la historia pues creen que con su actitud de manso cordero van a lograr que el malvado sea bueno y el mundo una taza de leche. Es como el sociólogo que cuando lo asaltan, roban, golpean y después violan, y matan a su mujer y sus hijas. En vez de defenderlas, justifica el actuar de los criminales aduciendo que lo que sucede es producto de una sociedad alienante, hostil e incomprensiva.
Los terroristas musulmanes no son diferentes a ningún delincuente, son asesinos adoctrinados desde la más tierna infancia para acabar con todos los que no acepten convertirse al Islam. Con estos fanáticos intolerantes no existe lugar para el entendimiento, pues el fanatismo no conoce de razones. Ante semejantes homicidas, es mejor transplantar el combate a territorio enemigo, perder si es necesario un millón de soldados hasta acabar con las hostilidades de los gobiernos tiránicos y vivir en paz los próximos cincuenta años. Los pacifistas, como no comprenden ni aceptan la realidad, fracasan en sus intenciones y terminan perdiendo a la luz de la historia. Es el precio que deben pagar los estúpidos por defender a los verdaderos enemigos de la paz y la libertad.

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